jueves, 1 de diciembre de 2011

Anzoátegui.

Lo encontré un día de Agosto a muchos kilómetros de mí.
Lo encontré sin apenas buscarlo. Apareció su nombre en la pantalla y por un momento levité recordando sus manos, su olor, su risa amplia.
Seguimos encontrándonos cada día, evadiendo obligaciones para llenarnos con minutos intensos e intercambios  subidos de tono que nos acercaban a lo lejos.
Me conquistó, me enamoró, me hizo perder el orden de los días, mis espacios se hacían grandes hasta que leía de nuevo sus frases.
Me recitó poemas únicos, me improvisó canciones verdaderas, me regaló ilusión...
Y soñaba con ese día en que tuviese su olor pegado en mi piel.
Olor a Caribe, a sudor de hombre, a tambores y guitarras, olor a tierras lejanas y pregones de justicia.
Ahora, pienso que sólo fué un sueño....

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